| DE PINTURAS Y VIDAS |
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Estoy haciendo una prueba. Miro a mi alrededor y me esfuerzo en encontrar la belleza. Es fácil ver la belleza de las cosas cuando estás frente al mar, delante de las olas que rompen o dentro un bosque donde todas las formas son naturalmente armoniosas, los olores, los sonidos, las luces y las sombras. Hasta la mes pequeña hierba o un minúsculo grano de arena son de una belleza sagrada. Pero estoy en la ciudad, en un barrio de clase media. La calle es de un color gris ciudad y las luces artificiales no le dan demasiado encanto. Las sombras atraviesan diagonalmente la acera, cruzándose agresivamente. Las luces de farolas, casas, bares, rótulos de tiendas y coches que pasan, son cada una de un color diferente: azules, blancos, amarillos, naranjas, pero hacen combinaciones duras, nada armoniosas. El olor es de la freidora del bar, mezclada con ambientadores sintéticos y el fuerte perfume de una señora de edad avanzada que sale del baile y espera el autobús. Algunas hojas secas, tres o cuatro por metro cuadrado. porque es otoño en la ciudad. Hay árboles que nadie mira. Son un palo más: un árbol, una farola, una señal de tráfico, un semáforo...Podría decirse que es una calle fea. Es domingo por la noche. Mañana lunes. Los lunes son feos. La Tierra gira haciendo días y noches y no sabe qué día es, esto es un problema nuestro. Ella intenta repartir la luz entre todas sus criaturas de la mejor manera posible. Quizás iría bien una tormenta que renovara el aire, que trajera algo de olor de mar, que apagara las luces y dejara ver alguna estrella. Una tormenta abriendo una ventana a la belleza del mundo. Pero no está prevista y el mundo continuará siendo feo. ¿Y porque no lo debe ser?. ¿Porque buscar la belleza?. ¿No será que perseguimos un espejismo?. Las cosas que nos parecen sucias, descompensadas, inarmónicas, forman parte de la vida. Son una parte indispensable. De hecho, se manifiestan cuando se está produciendo un cambio. Cuando una sociedad no tiene hábitos saludables y olvida las buenas maneras quiere decir que está sometida a una transformación. Cuando una pintura está a medio hacer, a menudo resulta poco agradable. Escuchar a un músico cuando está componiendo, es la cosa más pesada del mundo. Nuestro organismo, cuando está enfermo, es porque está adaptándose a una nueva situación. A nuestra alma le pasa el mismo. Al mundo, al parecer, también. En el bosque más encantador hay cosas podridas y animales muertos, si todo fuera bonito estaría paralizado, no tendría vida. Os propongo que miremos las cosas feas con otros ojos. Quizá veremos la maquinaria del Universo en plena marcha. |