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Ya hace un tiempo que se oye hablar de esto, ¿pero que es? Cuando alguien nos dice que habla con su niño interior, ¿con quien habla? ¿Y quien es el que habla con él? Nos designamos a nosotros mismos como "personas", decimos que tenemos una personalidad que nos define y nos diferencia de los demás. Consideramos por otro lado, que tenemos un alma esencial, o núcleo interno que seria lo que somos objetivamente. Sería nuestra parte inmortal y transportable de una encarnación a la otra. La palabra "persona" en latín significa: máscara, personaje. Lo que llamamos personalidad es aquello que construimos para que lo vean los demás y se va formando a lo largo de la vida, decorándola con el que vamos encontrando y nos parece útil para incorporarlo a nuestra comedia existencial. Pero nuestro ser esencial, el que realmente somos, detiene su formación en la infancia o en los primeros años de la adolescencia en casi todos nosotros. Por eso cuando una situación nos pesca "en pelotas" hacemos un ademán de criaturas y sale a escena "el niño interior", que es niño porque la educación y las limitaciones de la vida social no lo han dejado crecer más. Pienso que cuando hablamos con "el niño interior" estamos hablando con nuestra entidad primordial, no suficientemente desarrollada. En realidad tenemos muchas personalidades, muchos "egos" que han aprendido su papel y lo representan cuando hace falta. Vivimos así repitiendo situaciones conocidas a las que podemos aplicar la careta más oportuna. No somos la misma personalidad la que va a solicitar un crédito que la que va a cenar con unos amigos. Intentamos caer bien y adoptar la pose correcta para conseguir nuestras finalidades, sean divertirnos, huir de un problema o conseguir dinero. Tenemos careta para los vecinos de la escalera, para el del bar de la esquina, para la familia política... Hemos diseñado nuestra personalidad e incluso nos podemos autodefinir: simpático, vegetariano, inteligente, solidario, sencillo, experimentado, dinámico, no-me gustan-los-yogures, etc. Y nos quedamos tan anchos. Por esto es tan difícil pintar un retrato: no sabes a quien pintar. El simple hecho de comunicar verbalmente con alguien ya resulta complicado porque no sabes muy bien con quien estás hablante. Para hacerlo correctamente, tú mismo te debes poner la careta oportuna y "dar la entrada" para que el interlocutor capte la señal e interprete su papel de cliente, amigo, pariente, subordinado o lo que haga falta. De hecho, la mayor parte de lo que aprendemos es utilizado por nuestras personalidades para mejorar el disfraz social y mientras más cultura tenemos, más capas de barniz nos envuelven y adornan. Pero cuando el aprendiz es nuestro núcleo esencial entonces lo aprendido se manifiesta como una revelación y nos golpea de forma que sentimos y sabemos al mismo tiempo y además, con una certeza absoluta. A esto le podríamos llamar sabiduría porque nos hace evolucionar. Pero no es fácil llegar, hace falta algo que nos desmonte y pase por el encima de nuestros conceptos implantados. Debemos encontrarnos en una situación fuera de lo normal para que esto pueda suceder. No nos sacamos la máscara ni para ir a mear, ni para hablar con los Dioses, ni para hablar con nosotros mismos, auto-representándonos así la comedia y el personaje hasta el final de la obra (vida). Sólo mostramos nuestro núcleo esencial cuando nos encontramos en situaciones no deseadas, aquellas en que no sabemos "qué cara poner" allí nos manifestamos como somos porque son ocasiones que no teníamos en nuestro archivo, no teníamos la careta preparada. Hay diferentes profesionales que utilizan técnicas por llegar a nuestra esencia, a nuestro pequeño niño. Los policías aprenden sistemas de interrogatorio que dejan al sospechoso en una situación para la que no tiene la mascara adecuada y entonces se desmonta y "canta", porque lo que queda de él es un niño que ha hecho una cosa mal hecha. Métodos parecidos usan estafadores, directivos de sectas o de grupos políticos y listillos diversos para manejarnos a su gusto. El truco consiste en desmontar el disfraz del otro i manipular directamente su núcleo infantil, de manera que no pueda evitar creer lo que le quieran hacerle creer. También algunas técnicas terapéuticas pueden llegar hasta el fondo y ayudarnos a reequilibrar y desbloquear nuestro ser. Por ejemplo la Terapia Craneosacral u otras como la Sanación espiritual en muchas de sus modalidades. La práctica de la meditación también da buen resultado Algunos maestros religiosos o filosóficos usan herramientas parecidas. Parece que su intención es hacer crecer esta criatura interna y que sea ella la que asuma el control, porque entonces seremos libres. En esto podría consistir el verdadero crecimiento. Porque ahora muchos hablan con este niño interior pero quizás no saben que puede crecer. En fin, es sólo una teoría que se me ha ocurrido. |